A propósito del artículo de Mazzitelli sobre la deuda externa.

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 Por  Jorge Luis Portero:
 A propósito del artículo de Mazzitelli sobre la deuda externa.                       
Una muy buena síntesis. Un diagnóstico preciso y exhaustivo respecto de los mecanismos del endeudamiento. Desde el Informe de Alejandro Olmos para aquí, los números de la perversidad  son implacables
 En los 80 (con una estructura productiva menos decadente y con una subjetividad popular más romántica y proclive a enamorarse de utopías) , Aldo Ferrer realizó un ejercicio de simulación futura, en el que analizaba las consecuencias de adoptar posiciones rupturistas, sobre la manera probablemente posible de  sobrellevarlas, detallando costos y beneficios para nosotros,  los habitantes, el pueblo de la nación argentina. Quedó un slogan, título también de la obra ensayística: Vivir con lo nuestro.
Seguramente las cifras no son iguales, las condiciones para el acuerdo con los acreedores (FMI  primero) varían, aun cuando se mantienen algunas constantes que se le impondrían a la Argentina: Explotación extractivista de sus recursos naturales, libre flujo de capitales, reformas de leyes laborales, etc., etc.
 En el análisis de Mario se enuncia algo, pero falta tratarlo. Respecto de la decisión del pueblo de «presentar batalla» cueste lo que cueste, solo hay grupos minoritarios que se bancan el «libres o muertos, jamás esclavos». Las experiencias del siglo XX muestran ríos de sangre y muchas revoluciones frustradas o malversadas, que llevan al hombre medio, más individualista, pero también más prudente y menos pasional. A  no embarcarse en utopías de justicia con final -en el mejor de los casos- incierto para el mejor  tránsito, tan breve por esta vida.
Alguien que no es santo de mi devoción, Guillermo Moreno, dijo algo razonable. Si le cuesta tanto al Estado disciplinar a los grupos económicos  locales, no es aventurado creer que resultará inocuo enfrentar con nuestras decisiones al capitalismo mundial?
Es cierto que los costos del acuerdo también serán  gravosos.
Por eso es bueno tener pensada la hipótesis  de la ruptura, con los caminos a adoptar para potenciar oportunidades y mitigar pérdidas.
Pero desde ya podemos afirmar dos cosas: estamos peor que en la década del 80, tanto en posibilidades de autonomía económica como en disposición del pueblo en general a embarcarse en la aventura.
No alcanza  con creer y afirmar la alta calidad de nuestro pueblo y con arengar al coraje cívico y a la voluntad …No hay lugar para nuevas derrotas