El síntoma del neopunitivismo de los militantes republicanos revela la derrota de la posibilidad de la república democrática.

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Por  Jorge Luis Portero:
           Frente al fracaso, muchos republicanos insisten: jury de enjuiciamiento a Obligado y cia. por el sobreseimiento de Cristina en Hotesur y Los Sauces, denuncias judiciales frente a Intendentes (de ambos lados de la grieta, Insaurralde, J. Macri, Caffaro, etc.) que birlan leguleya y desvergonzadamente la ley de prohibición de sus reelecciones indefinidas, frente al silencio de los mentores de la norma (Massa/Vidal), sanciones a embajadores «miltantes», denuncias frente a quienes usan recursos públicos como si fueran de su patrimonio personal (Fabiola y sus viajes a Misiones, son solo botón de muestra), cuestionamientos a ídolos populares varios, abusadores  famosos, deseos de que «se pudran en la cárcel» delincuentes, narcos, mafiosos, políticos coimeros, policías deshonestos y autoritarios.
Algunas de estas propuestas son válidas, otras no tanto, pero sin duda todas son insuficientes. Entre las no tan válidas están las que violan la manda constitucional : …Las cárceles serán sanas y limpias, para seguridad Y NO PARA CASTIGO de los reos alojados en ellas…
El «castigo» del encierro tampoco podría justificarse jurídicamente ante el precepto constitucional tan categórico en la ejemplaridad, en esa cuestionable (también desde la eficacia) visión de que las penas más duras disuaden a la futura delincuencia
Es decir, dónde está la gravedad de la enfermedad de la Argentina republicana, si aspiramos a una república que no sea solo cosa de elites biempensantes?
En que Cristina no vaya presa, o en que las mayorías la hayan elegido nuevamente.
En que los Intendentes se manden la trampita, o en que el pueblo los ratificará con su voto. Porqué a no equivocarse
Si no ganaran en el 23  no es porque la mayoría repudia la reelección indefinida, sino por otras causas que el votante evaluará. Y así con todo. Si el republicanismo solo se funda en lo normativo,  leyes y pronunciamientos judiciales contra las prácticas antirrepublicanas, se convierte en un elitismo antipopular, antidemocrático. Coloca la idea republicana enfrentada con la democracia
Ya nos pasó a los argentinos. La proscripción electoral de la mayoría entre 1955 y 1973 (y también de las minorías como el PC por más años) fue una prueba fehaciente.
Por eso, amigos, la salida de la grieta y la reconstrucción nacional pasa más por la política, por la prédica y la aceptación cultural de los principios republicanos en la ciudadanía toda, como un medio para asegurar el bienestar y la libertad del pueblo, y no como un dique para contener sus demandas, para encerrar a sus ídolos o para defender los privilegios de algunos pocos.
El republicanismo progresista nunca debe ser rígidamente punitivo y elitista. Orgulloso de sus principios, debe obrar con la convicción del predicador, seguro de que únicamente sus bases (transparencia, periodicidad de funciones, igualdad, división de poderes) se encarnan en las mayorías. No hay verdadero republicanismo posible sin democracia plena
Es la política, estúpido, diría un asesor de un Clinton vernáculo