A PEGAR PARA HACER RUIDO

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A PEGAR PARA HACER RUIDO

por Marshall Casefile

Entre las aguas revueltas del sin sentido, una discusión estéril ocupó el centro de la escena, mientras la historia de la violencia se iba apagando y en la punta del torneo, los once de Gallardo parecen infranqueables.

Allí, la eterna melodía con la cual las generalizaciones embriagan la atención, se centró en los fabulosos sueldos que perciben funcionarios y magistrados de un poder en deuda: el judicial.

No importan los argumentos. Poco aporta la índole constitucional de una tutela que pretende extenderse hasta el infinito, cuando la emergencia pone en crisis incluso al sentido común.

La historia indica que la acomodada casta judicial, ha operado con soslayo del deber del poderoso. Asomarse a desnudar un entramado de sospechas, de oscuros negocios, de consuetudinarias fugas, es una deuda pendiente. En lugar de ello, prefirieron hacer misión con panfletarias notas periodísticas, en discusiones indisimuladamente inocuas, con demoras procesalmente justificadas pero arteramente funcionales. Expuestos con estos desprestigios, los restantes poderes, hoy, castigan su bolsillo, pensando y haciendo pensar que de esa manera se repara  una economía informal creciente o los desaguisados que la ineptitud lleva en sus remedos.

La sociedad debe saber que los hechos políticos tienen razones y motivos. Hay razones para emparejar las jubilaciones, pero los motivos son distintos. La propuesta modificación no mueve el amperímetro si la política no salda su adeudo de ineficacia y sincera redistribución.