A 37 años de haber recuperado la “pureza del voto”, la democracia sigue siendo un sueño a alcanzar.

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A 37 años de haber recuperado la “pureza del voto”,
la democracia sigue siendo un sueño a alcanzar.
Mario Mazzitelli (@mariomazzitelli) | Twitter

Por Mario Mazzitelli
La Democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Pero esta definición puede ser vaciada de contenido, si no la complementamos con acciones prácticas, eficientes e innovadoras para alcanzar dicho ideal. Es más, ese vacío puede ser ocupado por un proyecto oligárquico (encarnado en una oligarquía política, económica, mediática, judicial, sindical, etc.) que ponga al ciudadano/a de a pie (el pueblo) en la difícil tarea de optar entre “productos pre-elaborados”, la mayoría de los cuales han pasado por el tamiz de la resignación ante los poderes fácticos; asumiendo que el contenido último del régimen ya está establecido y no se toca.
Solo así se puede entender que 37 años después nos siga rigiendo la Ley ¿neoliberal? de Entidades financieras de Videla y Martínez de Hoz, etc. y a través del sistema jurídico-político toda la estructura colonial que se montó sobre nuestro país (minuciosamente, paso a paso) desde mediados de la década del 70 hasta la actualidad. Todo bajo la sombra tenebrosa del terrorismo de Estado (que dejó sus secuelas) y la derrota en la guerra de Malvinas (que estableció quien manda y quien es el mandado). Mandamiento trágico al que algunos dirigentes torearon, ladraron, imploraron; pero nunca se animaron a desafiarlo con valentía.
La Democracia tiene, además, un contenido ético que definió muy bien Esteban Echeverría “es el régimen de la libertad, basado en la igualdad de clases”. Es en la dirección y sentido exactamente contrario por el que nos lleva nuestra dirigencia política. No todos, por supuesto; sino los que pasan por el filtro y solo se atreven a discutir las cuestiones de superficie.
El proyecto dominante “neocolonial” fue asumiendo el control sobre todas las áreas estratégicas de la economía. Para, desde ahí, condicionar el régimen político y social. Al ser ese “poder económico” preeminentemente extranjero; lo que se va configurando no es un “capitalismo nacional”, que con sus matices podría ser motivo de debate. Lo que se configura es un “capitalismo colonial de saqueo económico y sumisión política”. Ese “poder económico” sabe que ya no es posible evitar que la gente vote, pero se las puede inducir a votar a aquellos “dirigentes realistas que aceptan las relaciones existentes de fuerza”. Aunque estos representantes son argentinos y tienen una gran diversidad, el asunto lo resuelven con una tarea de pinzas, donde aprietan por arriba a los máximos dirigentes (dólar, fuga, inversiones, FMI, etc.) y a los de abajo tratan de manipularnos con la información, mayoritariamente hegemonizada por los grandes medios vinculados a los grandes grupos económicos.
El drama de esta etapa es el presente. Vasta hacer una barrida con los ojos por la realidad para observarlo. Pero mucho más dramático es el futuro. El modelo neo-colonial necesita a la Argentina como un territorio de un proyecto mundial. Tienen interés sobre nuestra cordillera, sobre nuestras tierras fértiles, nuestro mar, el agua, etc. más un gerenciamiento económico, soporte político y algo de mercado interno, para el que no necesitan más de 15 millones de habitantes, etc. Marchamos hacia 30 millones de pobres. Es el proyecto neo-colonial en el que el pueblo “sobrante” es escoria a desechar. En el que el pueblo (el pobre) es responsable de su situación. ¿Y el sistema?…una invariable que no se discute. Este es el modelo dramático que tenemos por delante, y al que debemos destrozar ¿Cómo? Perdiendo el miedo y restituyendo la Democracia. Ampliándola, extendiéndola, llevándola a todos los rincones:
Abrir y transparentar el gobierno para que el pueblo sepa todo. Habilitar el presupuesto participativo, para que se discuta abiertamente los ingresos y los gastos del Estado. Llevar la Democracia a las empresas. La participación de los trabajadores en la dirección significa potenciarlas en su creatividad e innovación, incentivarlas a invertir en Argentina. Hacer entrar la Democracia a los sindicatos, para que una corriente de aire fresco remueva el moho que flota en ese ambiente. Consultar al pueblo sobre cada intervención sobre el ambiente. Democratizar la educación y la cultura, para que la libertad tome el vuelo de los sueños de los que dieron su vida para que nosotros la honremos.
Debemos discutir el Proyecto Nacional (en el marco del Proyecto Latinoamericano, Americano y Global) para las próximas décadas del siglo XXI. Para esto, podemos rescatar de las mejores mujeres y hombres de nuestra historia, material para el debate. Al tiempo que con los más jóvenes observar la evolución tecnológica que sucede y la que se nos avecina. Pensar a la Argentina como un lugar donde se venera la vida y la dignidad.
Hoy, 37 años después de aquel día en el que salió victorioso el Dr Raúl Alfonsín (como candidato de la UCR para todos los argentinos) el desafío está más vigente que nunca. Debemos realizar la Revolución Democrática. Democracia política, económica, social, ambiental, cultural. “Serás lo que debas ser o sino no serás nada”. O los argentinos realizamos esa Revolución Democrática y nos sentiremos orgullosos de ser argentinos o no seremos nada”. Un territorio en el que dentro de 100 años los historiadores expliquen que allí vivió un pueblo que no supo realizar su destino. Claramente esta Democracia está en nuestras manos.